El fin de semana en Warrnambool
equivale a aventuras en la costa.
Un paseo que sabe a excursión,
una playa desconocida,
un nuevo ángulo de un acantilado,
dos onzas de chocolate secretas,
dos buceadores no tan secretos
que se ponen la mascarilla
sintiéndose culpables sin razón.
Los restos de conchas y caracolas
pueden ser ahora pendientes.
La bruma y el misterio,
las tres urracas.
Los pies en el agua fría
de la que dan ganas de tomar un buen trago.
Los pantalones mojados de nuevo,
como era previsible.
Las botas aguantan el chaparrón
los plásticos al cubo
la roca mágica y el nivel del agua.
Lo mejor,
las gaviotas punk.
Pereza y descanso,
brownie de regalo de cumpleaños
del mejor hermano pequeño del mundo.
Sobras de merluza falsa,
tortilla improvisada,
y siempre
pan de dátiles y albaricoque.
Distancia
en la misa
en las llamadas
al cruzarte con alguien.
Flores y perejil
pájaros peleando
café al sol
y botas Ugg mojadas.
La vida debe parecerse
al segundo nocturno de Chopin.

No hay comentarios:
Publicar un comentario