Hoy el mar estaba en calma.
Impresionaba la vasta superficie uniforme.
Las olas casi parecía que explotaban con desgana.
Los pies se hundían en la arena.
Más que lo normal.
O al menos de manera distinta.
Nos bajábamos las mascarillas.
Había un pescador.
Que no llevaba mascarilla.
Y vimos a Avellano.
Con su color marrón casi naranja.
Luego llegamos a casa.
Trabajo.
Había lentejas, sosas.
Tristeza y desaliento.
Pero también alegría e ilusión.
La vida es rara y juega con nosotros.
De momento gano la partida.
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