Día cuarenta, Warrnambool.
El mar parece seguir enfadado, aunque quizá menos que ayer. Las olas atacan con violencia y la orilla está coloreada de blanco por la espuma que provocan. El resto tiene un color azul oscuro grisáceo y me pregunto si fue primero el mar o el cielo el que decidió teñirse de ese tono. Sigue sin haber ballenas a la vista, aunque esto no me sorprende, ya se dio por hecho que no habrá ballenas este año en Logan's Beach.
Seguimos obligados a llevar mascarilla, aunque he de decir que acabo de quitármela. Tampoco hay nadie a la vista, y cualquiera que pudiese pasear por la orilla estaría a unos veinte metros de mí. Escribo también con guantes, pero porque en los últimos días ha bajado bastante la temperatura y el viento es constante.
Me rodean esas plantas que parecen romero pero no lo son. No parecen verse afectadas por todo esto, pero quién sabe. Son un reino mucho más resiliente que el nuestro, o eso creo.
Me pregunto cuántos supervivientes habrá allí fuera. Aquí, de momento, estamos bien, y no escasea la comida.
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