Buf, retomo este post tras unos días. ¡Casi lo tenía escrito! Pero no lo envié, y ahí ya se entra en el ciclo de hasta que no envíe el que tengo pendiente... He ido anotando algunas otras ideas que tendré que desarrollar.
Bueno, aquí va. Son pensamientos que fui teniendo sobre toda la situación en la que vivimos.
La cueva.
Comentó el otro día el hermano de Australia, en una de sus típicas frases inesperadas, ¿recordáis cuando la vida era buena? Yo pensé en el mito de la cueva de Platón. Pensaba que en una situación así, indefinidamente alargada, esta vida podría ser una buena vida para el que sólo la conociese así desde el principio. Le contaríamos cómo era antes, intentando que visualizase el nivel que nosotros llevábamos y lo absolutamente estupendo que era todo, pero más quizá lo escuchasen como nosotros escuchamos una película o un cuento.
El esfuerzo.
Otra reflexión es la que se hace el gran Carlos Esteban en su columna. Muchas veces he hablado de esto con gente de mi generación, pero también de otras. Casi siempre sentía que no conseguía hacerme explicar, no conseguía transmitir el poco aprecio, la poca sorpresa por la comodidad en la que vivíamos. Se daba por hecho algo que costó generaciones y desgracias conseguir. Y desgracias de verdad, desgracias que comparadas con ésta, empequeñecen al maldito virus a ser algo muy pequeño, porque por suerte aparentemente no será como una Guerra Mundial (y para ello rezamos). Es posible que por unos minutos algunos lo podamos apreciar por fin. Seguramente, todo lo que olvidemos en unos meses o años, será malo para la sociedad.
El relato.
El tercer pensamiento que tenía pendiente de escribir es el relato. Ya están completamente ocupados en escribir el relato de «la verdad sobre el coronavirus». Se resume básicamente en «cómo íbamos a saberlo». Lo escriben en Twitter, les entrevistan en los periódicos y lo escogen como titular. Me hierve la sangre, me hierve porque nos toman por estúpidos, y lo peor es que tienen razón. Desde luego esto estaba avisado, y no hay mayor prueba que las preguntas que les hacían sobre si se debía ir o no a la manifestación. Podían ver cómo Italia empezaba a hundirse mientras se reían, mientras decían en rueda de prensa que España no tendría más que algún caso. Pero lo que más me enfada es que sé que ganarán la batalla, como en 1984 reescribirán la historia a su antojo y se pensará, «debió pasar así».
Voy a ver qué escribí en el siguiente...
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