22 de agosto de 2020

Las patatas Abad

 Antes del tractor y varios coches, se guardaba la almendra, cercada por maderos colocados a voluntad y según se necesitase. La almendra con cáscara, claro. Es curioso porque recuerdo que no me gustaba especialmente, pero mientras los mayores la recogían, vareando y con redes, como se debería hacer apra un romántico como yo, yo solía ir recogiendo alguna del suelo, la partía con dos piedras y me la comía. Así unas cuantas. Creo que buscaba las jóvenes y les quitaba la piel, te comías solamente la parte blanca de dentro, aunque te arriesgabas a que estuviese amarga.

En la puerta solíamos jugar a fútbol, aunque solíamos jugar en la pared, porque si dábamos golpes contra la puerta alguien nos acababa regañando. Supongo que destrozamos más de una siesta, pero yo no entendía cómo se podía perder el tiempo de esa manera. El suelo de la calle estaba hecho como de cuadrados de cemento y piedras, y si te caías te hacías seguramente una de esas heridas con hoyito incluido.

En ese suelo aprendí a andar en bici en la ya famosa historia del verano del noventa y uno. Hacíamos carreras o yincanas con varios vehículos, desde bicis de niño hasta de mayor, pasando por patinetes, correpasillos o sencillamente correr. Si era difícil solía ser hasta la pared del frontón, si era fácil, normalmente una vuelta a la manzana de detrás.

La casa de la esquina tenía, detrás de la verja y de lo que recuerdo como rosales, una piscina. A mí me daba envidia porque tenía que pagar por entrar en la municipal. Las entradas de la piscina eran billetitos de colores y diferían según la edad. Podías tener una de niño, o de adulto. Quizá también de tercera edad, pero no lo recuerdo bien, supongo que nunca le aplicaba a nadie con quien fuese. Había que saberse la edad en la que eras niño, porque si estabas en el límite, solía intentar entrar como niño.

Dentro, a veces, comprábamos patatas fritas, aunque solíamos llevar una bolsa del supermercado. Allí vendían patatas Abad, que en Madrid no las conocían. Eran rojas y con una patata que hacía como de señor. Eran ricas. En el supermercado te comprabas una bolsa grande por lo mismo más o menos que una pequeñita en el bar de la piscina. Aunque a veces, me mandaban a comprar coca-colas. Todavía me duele cuando me acuerdo que en uno de esos viajes, corriendo, siempre corriendo, perdí veinte duros por el césped. A veces pienso que es porque era muy tacaño, pero si os digo la verdad, creo que es porque me dolía en el alma perder el dinero de alguien que me lo había dado.

Creo que iba corriendo a todas partes para aprovechar más el tiempo. Como en la película de In time. Para qué iba a hacer algo andando si lo podías hacer corriendo en la mitad de tiempo. Total, correr es gratis, o eso pensaría yo. Igual debería acordarme más de correr, o igual es que he aprendido a disfrutar de la calma o de relajarse.

Al final de la calle, donde cambiaba al camino, estaba la huerta. Tenías que ir con pantalón largo por las ortigas. Me gustaba ir. Mi tío solía ir a cortar las cañas del camino para dejarlo limpio y a mí me gustaba porque creía que así podía ayudar y usar el hacha, pero luego en realidad nunca me dejaban hacerlo. Con la tijera de poda sí me dejaban, pero a mí no me gustaba.

Recuerdo comer alguna pieza de fruta, pero es que tampoco me gustaba demasiado. Melocotones, manzanas. Los higos eran populares, pero yo ni hablar. Qué ironías, lo que pagaría ahora por un melocotonero que diese fruto. También era consciente de que había membrillos, pero, qué raro, tampoco me gustaba el membrillo que hacía mi abuela. También pagaría por un postre de sidrería.

El campo de fútbol estaba antes de la huerta, al lado de la piscina. Era de tierra, pero cuando subieron a Tercera (supongo que sería Tercera) pusieron hierba. Soñaba con echar unos partidos ahí, o al menos unos tiros.

Así era la parte de detrás de la casa de Murillo cuando era pequeño.


3 comentarios:

  1. ¡Me ha encantado!
    Qué bonitos recuerdos...

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  2. Me gusta... Muy emotivo. Se te ha olvidado mencionar que el sr. Patata está bebiendo de un porrón... Y aquello del que "el champiñón era el tete de la course"... O algo así... :)

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  3. Vaya recuerdos!!!! Otro día nos cuentas los aperitivos de los domingos después de misa de 12.

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