Se nota que el verano, o por lo menos la temporada de vacaciones, va llegando a su fin en España, y se traslada al trabajo sin aviso previo ni consideración ninguna. Los días son ahora más intensos y más largos, lo cual por un lado hace recuperar cierta tensión e ilusión, pero por otro lado se echa en falta la tranquilidad y la libertad. Tampoco es tan malo como lo pinto, pero se nota.
Hoy cumplíamos dos meses desde la boda Australia y yo, así que aunque ayer estuve hasta tarde con los chilenos, lo hemos ido a celebrar con un café y un pequeño desayuno en DOC, el bar italiano donde la familia suele ir a diario para su café matinal. Me gusta el sitio porque, además de que el café está bueno, son italianos auténticos y cuando hablan entre ellos lo hacen en su idioma. Al acabar hemos aprovechado para comprar el pan allí, y aunque prometía mucho al tocarlo por primera vez, luego tampoco ha sido realmente especial. Estoy empezando a pensar que la teoría de Australia es cierta y las condiciones meteorológicas hacen que el pan se quede como chicloso. También influye bastante que muchas veces hacen lo que llaman sourdough, y he llegado a la conclusión de que no me gusta. Como capricho especial, hemos adquirido también una pequeña bosa de Pane di stelle, pero todavía no la hemos abierto.
Luego, ya en solitario, he ido a comprar café y a dar una vuelta aprovechando el sol, aunque jugueteaba y se escondía tras las nubes a menudo. Por el camino he visto una familia de patos, un árbol muy bonito cuando lo mirabas desde debajo, el famoso magnolia grandiflora que todos recordaremos de las lecciones de Agrónomos, y una señora me ha dicho que tenía muy buena pinta el pan y que me faltaba el queso para poder hacer un picnic en ese mismo momento.
He pasado el resto de la mañana en el rincón del gato que llama la familia, es decir, la parte del salón donde da el sol y se está a gusto. Un rato incluso he salido a la terraza y he estado leyendo a Fante.
He comprado un pimiento en el supermercado puesto que lo necesitaba para hacer patatas a la riojana. No han quedado mal, aunque creo que quizá hacía falta más chorizo, y probablemente más patata, aunque siempre me ha sido difícil medir las cantidades y hacer raciones relativamente pequeñas.
Por la tarde me he escapado un rato y he tomado algo con Australia y su compañero de trabajo en una azotea cercana, alrededor de una estufa que daba calor o lo intentaba. Ha sido bonito y agradable, con el horizonte oscureciendo rápidamente y los rascacielos de Melbourne creando una silueta imposible.
El fin de semana estuvimos en Woodend organizando la fiesta de noviembre, para la que contamos ahora con una ayuda espectacular por parte de la prima de Australia. Sin duda, un alivio para mí. Estuvimos también a gusto, con la libertad dell no trabajar, y por fin pudiendo coincidir durante varias horas. El plato fuerte lo dio la Real ganando en los minutos finales, que pude ver en la pantalla grande de la casa, aunque el gol sería sobre las dos y media de la mañana y sólo lo pude celebrar como lo haría un Satrústegui mudo, con el puño en alto y alegría desmedida. Espectacular Oyarzábal por cierto, es un pillo.
Si el tiempo acompaña, es posible que mañana salga a correr, o al menos hacer algo de ejercicio para coger la costumbre.
Lo dejo aquí, nos vemos.
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