Llueve, así que me resguardo una vez más en un café, tras acabar el recado del médico, de camino de vuelta a casa. Tras el festivo de ayer, hoy vuelve a tocar trabajar, en el día que más duro se hace por ser viernes por la tarde.
Ayer salimos a tomar algo aprovechando, y acabamos en un sitio cerca de casa tomando una fondue de varios quesos fundidos en los que metes trocitos de pan en un largo palillo de madera. Lo acompañé de una copa de vino que costaba la friolera de 14 dólares australianos, y eso que era de los más baratos. No hay otra que hacerse a la idea, es así.
Había bastante ambiente en el trozo de calle que visitamos, y las terrazas de los locales están llenas aunque sea invierno, prácticamente en todas partes tienen los típicos calefactores, y, aunque no los tuviesen, creo que estarían llenas igual. Me llama la atención porque creo que en Madrid no es tan común, aunque se está extendiendo. Lo que pensaba también es que nosotros estamos de pie dentro del bar sin problema y aquí absolutamente nadie está de pie, son todo mesas.
Compré también algunas cervezas para tener en casa. Aquí en los supermercados no venden alcohol, así que tienes que irte a una «bottle shop» que llaman ellos. Suelo aprovechar y coger alguna oferta, y así vas probando. Otra cosa curiosa es que en esas tiendas suelen tener cajas de cartón de lo que han ido sacando y poniendo a la venta, y las usas de bolsa para llevarte lo que compras.
Sigo avanzando con Fante, todavía no he llegado a donde alcancé la última vez. Ayer le leía trozos a Australia de los que me gustan, cuando se pone en un mismo párrafo a contraponer ideas del estilo soy el mejor escritor del mundo, y en la siguiente frase, a quién pretendo engañar, soy un escritor sin talento y terrible.
Fuera sigue lloviendo, ahora ya poco. Voy a ir recogiendo.
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