27 de agosto de 2019

Pedro

Pedro solía venir todas las noches, cuando ya la ciudad dormía, silenciosamente y de ser posible, sin que nadie notase que llegaba. Le gustan mucho los rincones, allí se sentía seguro y protegido. Había nacido en Melbourne, y tenía muchos hermanos y una familia grande a la que a veces se encontraba por la calle, en sus lugares preferidos.
Los fines de semana, le encantaba venir a ver a la Real cuando veía que el partido estaba en la pantalla grande. Su favorito era Illarramendi, aunque sabía que el mejor era Oyarzábal. Se ponía su pequeña camiseta blanquiazul y durante todo el partido estaba nervioso e inquieto.
Otra cosa que le privaba era el queso, aunque cuando había chorizo también daba buena cuenta del mismo. En realidad, tampoco era muy exquisito con la comida mientras fuese fácil y rápido.

A veces se paraba un momento a pensar y no entendía por qué habían aparecido unas cosas asquerosas en las esquinas. También se sorprendió cuando vio aquellas trampas de las que le había hablado su madre, y le daba mucha rabia que tuviesen un trocito de queso en medio sin que él pudiese comérselo. Había días que ya no se acercaba a la casa porque ya no se sentía tan a gusto, no se sentía bienvenido y, ¡ni siquiera había pan!

Tenía una cola larga y se movía deprisa por los sitios en los que sabía que no molestaba. Había pensado en mudarse desde que habían empezado a pasar todas esas cosas, y se decidió cuando vio el cartel en el que ponía "Don't feed the mice".
Aun así, algunas veces, cuando ya no había nadie, se acercaba para hacer su pasatiempo favorito, contemplar unos minutos su dibujo, que habían pintado al lado del cartel.

Pedro, el ratoncito.

2 comentarios:

Followers