La victoria de Nadal fue esta vez extraña. La agonía se alargó durante gran parte de la mañana. Siento como que en estos últimos tiempos, se ha convertido en una obligación para Rafa ganar estos partidos, y a su vez en misión imposible ganar a Djokovic y Federer. Quizá eso lo hace algo menos satisfactorio, o quizá después de 19 Grand Slams, aunque quieras negarlo, ya no es lo mismo que al principio, cuando todo parecía una gesta.
La mañana empezó a las seis, y aunque disputado, Nadal seguía más o menos su camino y cuando llegaban los momentos importantes, los puntos de los valientes, consiguió hacer los dos sets. Después, la pesadilla. Tras ver los dos primeros sets en mi portátil, subí a la televisión del salón, pero Rafa empezó a perder ante Medvedev, un ruso inexpresivo, estoico, absolutamente resiliente. Bajé de nuevo a mi cuarto, al portátil, al cobijo de la intimidad y oscuridad. Pensé en Yelena Isinbayeva y cómo se escudaba bajo una toalla o manta entre salto y salto, camino al oro o al récord mundial.
Recuerdo el quinto set como en las novelas de Dostoyevski, como una especie de sueño febril. Ganó Rafa, el alivio, las voces del padre de Australia anunciándolo y el intercambio de mensajes con Klinsmann.
El fin de semana también acabé Ask the dust, de John Fante. Lo empecé antes de toda la actividad de junio, así que cuando llegué aquí lo volví a empezar. Los primeros capítulos son excelentes, la manera de escribir la vida de Bandini en Los Ángeles incluso me provocaba envidia. Confieso que luego tuve cierto desengaño tras un giro importante de la historia, pero el final me pareció brillante.
Voy a leer al viejo Dostoyevski ahora, La casa de los muertos.
Quedamos con unos conocidos españoles del compañero de trabajo de Australia. Fue entretenido, y aunque me daba pereza antes de ir, me alegré después como ya presuponía. Normalmente tienes que hacer el esfuerzo y vender esa pereza para obtener las recompensas...
He estado paseando y descubriendo nuevas partes de la ciudad, aprovechando cuando el sol sale. He cocinado paella, tortillas francesas, preparado vermús. Ya tengo mi carné de conducir australiano. Es curioso porque cuando te lo sacas, te preguntan si lo quieres tres o diez años. Me lo saqué para tres (son distintos precios) porque diez me parecía ser muy optimista en un amplio rango de sentidos, no sé por qué. He recibido mis discos de Explosions In The Sky, por lo que ahora mi tocadiscos se ha convertido en un imprescindible, así que tendré que investigar en serio para comprarlo definitivamente. Hemos visto a una amiga de Australia, hemos tomado cafés. He comprado pan y me han regalado otra barra. He comprado dos libros de Dickens en una librería de viejo con un 40% de descuento en todo, porque, tristemente, va a ser otra librería de segunda mano que cierra. Comentaba el librero que el mundo ha cambiado mucho estos últimos diez años. Muchas pantallas para distraerse, libros digitales, poco espacio en las casas para guardar libros. Alquiler muy caro, barrio no muy interesado, cierre inminente.
Voy a intentar escribir a bastante gente que tengo apuntada, así que dejo ya esta entrada. A mi lado hay una pareja que ha debido conocerse por Internet. Ciertamente, ¡el mundo ha cambiado!


Empiezas a ser tú de nuevo.
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