La terrible y triste derrota de Nadal en la final del Abierto de Australia tiene un devastador efecto en mi estado de ánimo. Todos los aussies lo notan y me preguntan si estoy bien, Australia me acaricia el hombro y me susurra <<sorry>>, y el resto trata de animar a Rafa y por consiguiente también a mí. Jamás había visto a Nadal perder así y por ello estoy tan sorprendido y sin palabras. Viví desoladoras derrotas, contra Federer en Wimbledon cuando pensaba que nunca volvería esa oportunidad, o contra el propio Djokovic en esta misma cancha, pero siempre con posibilidades. Aun así, me sorprende que creo hasta el final.
Pasamos la noche en Castlemaine, en una casa de campo rodeada de eucaliptos, donde hemos visto canguros desde la ventana de la cocina. El jardín tiene árboles frutales cubiertos por mallas, dos gallinas que hoy no habían puesto ningún huevo. Cerca hay un pantano donde todos van a nadar. Huw nos hace pollo con arroz al azafrán para cenar y Eva había comprado una botella de vino blanco para acompañarlo. Ahora los australianos apuran sus tazas de té mientras yo escribo en la encimera de la cocina.
Por la mañana me llevaron a misa, a las diez y media, donde el cura me saludó al entrar. Durante el sermón habla del día de Australia, que se ha convertido en una gran controversia aquí por el tema de los aborígenes, y un buen rato pienso si eso es lo que debe tratar de enseñarnos o si debería hablarnos de nuestra fe, nuestra espiritualidad, y como ser buenos cristianos en la sociedad actual. Quizá lo que él comentaba nos hace mejores. Hacia el final del sermón menciona el lema <<Truth will set you free>>.
Después tomamos un café, muy rico como casi siempre en estas latitudes, en un local con ambientación alemana, y yo tomo un bagel con aguacate y queso bastante bueno. Paseamos por el jardín botánico y Huw nos cuenta alguna cosa sobre los árboles, y yo le cuento sobre los arbolitos de la Patagonia, las secuoyas de Estados Unidos y los alerces milenarios de Chile.
El tiempo en Australia de este viaje va llegando a su fin y a veces todo me parece que se vuelve un poco dramático, o quizá sea solamente el amargo final de dos semanas de tenis que parecían perfectas. Leo unas cuantas páginas de Hemingway, París era una fiesta, que salvo de la purga hacia una op-shop.
Me inspira, en el borde de la contraportada, <<All you have to do is write one sentence. Write the truest sentence that you know>>. (Todo lo que tienes que hacer es escribir una frase verdadera. Escribe la mayor verdad que sepas). Echo de menos al tío Toni, esa es la verdad.
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