Aquí estoy, sentado en la cama con uno de esos cojines grandes apoyado en la pared, en esta postura terrible para mi cuello. Acabo de (acabo es quizá demasiado ambicioso) desayunar con Australia, tras moler mi propio café y rallar mi propio tomate, y me he venido a mi guarida a escuchar el nuevo disco de los Strokes por primera vez. Estoy muy contento con mi sistema de música. Ahora mismo estoy reproduciendo desde el ordenador por bluetooth. A la vista tengo la edición especial de Blood Bank, de Bon Iver, que compré en preventa hace ya tiempo, creo que porque no pude resistir perderme la edición especial en vinilo rojo. Digo creo porque en realidad es un single, ni siquiera un disco entero por así decirlo. A mi izquierda, en la mesilla, tengo Almas muertas con Gogol desafiándome a continuar descubriendo las venturas y desventuras de Chichikov. También en la mesilla, el último trozo de pera. Cada vez que como fruta me acuerdo de mi padre, tanto por su insistente «come mucha fruta» como por la imagen que tengo de él pelándola y llenando su plato de pieles mientras yo masticaba a duras penas la manzana de turno, en las épocas en las que no había deliciosos paraguayos o uva moscatel. A mi derecha la maldita tentación del móvil, el resto de cama king deshecha y el armario abierto (si lo viese mi madre o Australia lo cerrarían).
Los Strokes suenan bien.
Me acaba de asaltar, mientras pensaba cómo seguir escribiendo, la sensación de culpabilidad y pereza por buscar trabajo, dado que ya tengo el permiso listo. No acompaña la situación, pero habrá que hacerlo. Tengo que volver a cambiar el currículum, adecuándolo desde el espérenme hasta abril cuando tengo permiso de trabajo al este es mi visado que demuestra mi condición. Esa es la primera barrera. La segunda es que no me apetece mucho enfrentarme a la posible batería de entrevistas, sobre todo presencialmente. Ya os contaré.
Vuelvo a abrir esta pestaña unas horas después. Como siempre, pienso en borrarlo todo, pero lo dejaré estar. En el tiempo entre las anteriores líneas y éstas, he salido un rato a dar una vuelta y comprar el pan, y he estado escuchando música.
(Envío esta entrada quizá dos semanas después... Qué desastre).
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