19 de mayo de 2020

El hombre que llevaba las gafas altas

Llevaba las patillas de las gafas muy por encima de las orejas, así que hacían un ángulo casi de cuarenta y cinco grados en su nariz. Aun así, tenía que inclinar la cabeza para mirar por encima de las gafas constantemente, cada vez que necesitaba mirar algo que hubiese cerca. Deambulaba por la cocina, de los fogones al horno, del horno al fregadero, del fregadero al frigorífico. Enfocaba en cada sitio dependiendo de su necesidad, a través de las lentes o por encima, siempre usando la cabeza y no moviendo los anteojos, y los movimientos eran eléctricos. Su envergadura lo hacía todo más curioso y divertido, digno de una descripción para cualquier lector que se precie.

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