18 de abril de 2020

Las canicas y el día a día

Creo que cada día pienso cómo es posible que no haya escrito el blog, gustándome como me gusta, pero lo cierto es que a ratos me acuerdo y el resto de la jornada se me olvida por completo.

En realidad paso el día tratando de despertarme «pronto» por la mañana, para desayunar o tomar café con Australia, aunque bastantes días me he dormido tan tarde liado con el trabajo y otras cosas que me es imposible. Cuando lo consigo, suelo tratar de leer un rato, actualmente acabo de empezar Almas muertas de Gogol, tras acabar el ciclo Salinger que sin duda ha sido interesante, sorprendente y a ratos genial. Sorprendente porque cabría esperar libros similares a su famoso El guardián entre el centeno, pero en mi opinión el resto son bastante distintos de éste y más parecidos entre sí. Varios de ellos tratan sobre la familia Glass que imaginó, y los he disfrutado bastante. Sus Nueve cuentos me parecieron también muy buenos varios de ellos. Genial por sus ratos de conversaciones filosóficas mezclando a Dios con algunos temas que parecía que le gustaban de karma, y porque muchas veces no me explico de dónde se sacan algunas ideas, o cómo son capaces de escribirlas. Por ejemplo, me gustó mucho este pasaje de las canicas.

"«¿No podrías tratar de no apuntar tanto?», me preguntó, siempre de pie, allí. «Si le das cuando apuntas, será pura casualidad.» Hablaba, se comunicaba, pero sin romper el hechizo. Lo rompí yo. Deliberadamente. «¿Cómo puede ser casualidad si apunto?», le respondí, en voz no muy alta (a pesar de las cursivas), pero con algo más de irritación en la voz de la que realmente sentía."
"No dijo nada por un momento, siguió balanceándose sobre el bordillo, mirándome, lo supe de un modo imperfecto, con cariño."
"«Porque es así», dijo. «Te alegrarás si llegas a darle a la canica -la de Ira-, ¿no es cierto? ¿No es cierto que te alegrarás? Y si te alegras al acertar con la canica de alguien, quiere decir que en el fondo no tenías mayores esperanzas de conseguirlo. Así que tiene que haber algo de casualidad, tiene que ser bastante accidental.»"


Antes o después de leer, aprovecho para dar un paseo y comprar el pan, evitando a la gente por las aceras y lavándome las manos al volver concienzudamente. Últimamente, cuando me acuerdo, rezo mientras me las lavo dos Padres Nuestros, a sugerencia de alguien de quien no me hubiese esperado una idea así. Me olvidaba de que suelo tratar de acompañar la lectura con un café tipo capuccino, moliendo el café en el momento y haciendo espuma con la leche. Creo que le he cogido ya bastante el punto y estoy contento.

Luego hago mis ejercicios según lo que me diga Nike, y hay días que acabo muy cansado. ¿Quién podría imaginar que puedes cansarte tanto en tres metros cuadrados? La verdad es que no lo echo mucho de menos, pero estoy pensando ya en volver a salir a correr. Estaba esperando a que levanten un poco las restricciones, puesto que lo hago un poco por ética, pero también pensaba que si salgo a dar paseos es lo mismo que salir a correr.

Empiezo a trabajar ahora a eso de las tres, que ya son las siete en España y alguna gente empieza el movimiento. Luego suelo parar para cenar, que tiene un horario variable, y así hasta que me voy a la cama y empieza el día siguiente.


Este sábado he aprovechado para escuchar algunos vinilos y hemos hecho una de las últimas (esperemos) gestiones del visado de pareja. Hoy de hecho es mi último día de turista, así que ya tengo permiso de trabajo, aunque no ha llegado en la mejor época.

Bueno, creo que con esto valdrá por hoy, ya es más que nada. Quizá mañana escriba algo más interesante, o quizá no.

2 de abril de 2020

El saber

Aquí en esta entrada tenía escrita la siguiente nota:

     He leído éramos felices y no lo sabíamos. - Yo sí lo sabía.


Creo que lo debí apuntar, un día, leyendo uno de estos mensajes que se debaten entre ser filosofía barata y consuelo y apoyo para los, quizá, tediosos días en que transcurren nuestras vidas ahora mismo. Quedaría mejor si fuese como en alguna novela, cuando un personaje encuentra que alguien ha escrito una nota al margen, «yo sí lo sabía».
Lo que quería decir, y por eso seguramente soy tan duro con los calificativos, es que yo no necesitaba una pandemia para darme cuenta de lo maravillosa que es la vida, en particular mi vida, y de todas las cosas buenas y bonitas que te pasan. De todo lo que se puede disfrutar, de que hay momentos tristes y momentos aburridos que también forman parte del camino. Del increíble estado de bienestar en el que vivíamos y de los peligros que lo amenazaban.
Hoy (hoy es ya el tercer día en el que visito esta entrada) precisamente pensaba en que el mundo va a cambiar. No sé cómo exactamente, pero va a cambiar. Yo espero que para bien, que aprovechemos lo aprendido, pero quizá ya nunca vuelva a disfrutar de alguna de las cosas que disfrutaba antes. Y eso me daba pena.

El otro día creo que pensaba desarrollar de mayor manera la idea, pero si no luego no lo mando, por lo que, así queda.

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