Se nota que el verano, o por lo menos la temporada de vacaciones, va llegando a su fin en España, y se traslada al trabajo sin aviso previo ni consideración ninguna. Los días son ahora más intensos y más largos, lo cual por un lado hace recuperar cierta tensión e ilusión, pero por otro lado se echa en falta la tranquilidad y la libertad. Tampoco es tan malo como lo pinto, pero se nota.
Hoy cumplíamos dos meses desde la boda Australia y yo, así que aunque ayer estuve hasta tarde con los chilenos, lo hemos ido a celebrar con un café y un pequeño desayuno en DOC, el bar italiano donde la familia suele ir a diario para su café matinal. Me gusta el sitio porque, además de que el café está bueno, son italianos auténticos y cuando hablan entre ellos lo hacen en su idioma. Al acabar hemos aprovechado para comprar el pan allí, y aunque prometía mucho al tocarlo por primera vez, luego tampoco ha sido realmente especial. Estoy empezando a pensar que la teoría de Australia es cierta y las condiciones meteorológicas hacen que el pan se quede como chicloso. También influye bastante que muchas veces hacen lo que llaman sourdough, y he llegado a la conclusión de que no me gusta. Como capricho especial, hemos adquirido también una pequeña bosa de Pane di stelle, pero todavía no la hemos abierto.
Luego, ya en solitario, he ido a comprar café y a dar una vuelta aprovechando el sol, aunque jugueteaba y se escondía tras las nubes a menudo. Por el camino he visto una familia de patos, un árbol muy bonito cuando lo mirabas desde debajo, el famoso magnolia grandiflora que todos recordaremos de las lecciones de Agrónomos, y una señora me ha dicho que tenía muy buena pinta el pan y que me faltaba el queso para poder hacer un picnic en ese mismo momento.
He pasado el resto de la mañana en el rincón del gato que llama la familia, es decir, la parte del salón donde da el sol y se está a gusto. Un rato incluso he salido a la terraza y he estado leyendo a Fante.
He comprado un pimiento en el supermercado puesto que lo necesitaba para hacer patatas a la riojana. No han quedado mal, aunque creo que quizá hacía falta más chorizo, y probablemente más patata, aunque siempre me ha sido difícil medir las cantidades y hacer raciones relativamente pequeñas.
Por la tarde me he escapado un rato y he tomado algo con Australia y su compañero de trabajo en una azotea cercana, alrededor de una estufa que daba calor o lo intentaba. Ha sido bonito y agradable, con el horizonte oscureciendo rápidamente y los rascacielos de Melbourne creando una silueta imposible.
El fin de semana estuvimos en Woodend organizando la fiesta de noviembre, para la que contamos ahora con una ayuda espectacular por parte de la prima de Australia. Sin duda, un alivio para mí. Estuvimos también a gusto, con la libertad dell no trabajar, y por fin pudiendo coincidir durante varias horas. El plato fuerte lo dio la Real ganando en los minutos finales, que pude ver en la pantalla grande de la casa, aunque el gol sería sobre las dos y media de la mañana y sólo lo pude celebrar como lo haría un Satrústegui mudo, con el puño en alto y alegría desmedida. Espectacular Oyarzábal por cierto, es un pillo.
Si el tiempo acompaña, es posible que mañana salga a correr, o al menos hacer algo de ejercicio para coger la costumbre.
Lo dejo aquí, nos vemos.
29 de agosto de 2019
27 de agosto de 2019
Pedro
Pedro solía venir todas las noches, cuando ya la ciudad dormía, silenciosamente y de ser posible, sin que nadie notase que llegaba. Le gustan mucho los rincones, allí se sentía seguro y protegido. Había nacido en Melbourne, y tenía muchos hermanos y una familia grande a la que a veces se encontraba por la calle, en sus lugares preferidos.
Los fines de semana, le encantaba venir a ver a la Real cuando veía que el partido estaba en la pantalla grande. Su favorito era Illarramendi, aunque sabía que el mejor era Oyarzábal. Se ponía su pequeña camiseta blanquiazul y durante todo el partido estaba nervioso e inquieto.
Otra cosa que le privaba era el queso, aunque cuando había chorizo también daba buena cuenta del mismo. En realidad, tampoco era muy exquisito con la comida mientras fuese fácil y rápido.
A veces se paraba un momento a pensar y no entendía por qué habían aparecido unas cosas asquerosas en las esquinas. También se sorprendió cuando vio aquellas trampas de las que le había hablado su madre, y le daba mucha rabia que tuviesen un trocito de queso en medio sin que él pudiese comérselo. Había días que ya no se acercaba a la casa porque ya no se sentía tan a gusto, no se sentía bienvenido y, ¡ni siquiera había pan!
Tenía una cola larga y se movía deprisa por los sitios en los que sabía que no molestaba. Había pensado en mudarse desde que habían empezado a pasar todas esas cosas, y se decidió cuando vio el cartel en el que ponía "Don't feed the mice".
Aun así, algunas veces, cuando ya no había nadie, se acercaba para hacer su pasatiempo favorito, contemplar unos minutos su dibujo, que habían pintado al lado del cartel.
Pedro, el ratoncito.
Los fines de semana, le encantaba venir a ver a la Real cuando veía que el partido estaba en la pantalla grande. Su favorito era Illarramendi, aunque sabía que el mejor era Oyarzábal. Se ponía su pequeña camiseta blanquiazul y durante todo el partido estaba nervioso e inquieto.
Otra cosa que le privaba era el queso, aunque cuando había chorizo también daba buena cuenta del mismo. En realidad, tampoco era muy exquisito con la comida mientras fuese fácil y rápido.
A veces se paraba un momento a pensar y no entendía por qué habían aparecido unas cosas asquerosas en las esquinas. También se sorprendió cuando vio aquellas trampas de las que le había hablado su madre, y le daba mucha rabia que tuviesen un trocito de queso en medio sin que él pudiese comérselo. Había días que ya no se acercaba a la casa porque ya no se sentía tan a gusto, no se sentía bienvenido y, ¡ni siquiera había pan!
Tenía una cola larga y se movía deprisa por los sitios en los que sabía que no molestaba. Había pensado en mudarse desde que habían empezado a pasar todas esas cosas, y se decidió cuando vio el cartel en el que ponía "Don't feed the mice".
Aun así, algunas veces, cuando ya no había nadie, se acercaba para hacer su pasatiempo favorito, contemplar unos minutos su dibujo, que habían pintado al lado del cartel.
Pedro, el ratoncito.
19 de agosto de 2019
All you need is Rough
Las famosas cajas ya están desembaladas y todo el contenido está esparcido por las estanterías, armarios y por la casa en general. El sábado ocupamos parte del día en dejar todo recogido, y aprovechamos unas sábanas portuguesas que venían en uno de los paquetes para darle un nuevo toque a la habitación.
Por la noche fuimos a cenar a un tailandés, uno de esos sitios donde sólo puedo ir con Australia porque si no ni sabría qué pedir. La verdad es que suele acertar y tuvimos una noche agradable, intentando averiguar cómo mejorar en el trabajo y en la vida, con una bebida tailandesa de coco, un curry verde y unos noodles planos con verduras. Por el camino vimos algunos possum en el parque, algo que siempre me alegra, aunque cuando se empiezan a acercar siento una especie de mezcla de ilusión y miedo.
El domingo me acerqué a St. Patrick's a las 09:30 para ir a misa y en la fila de delante había una chica que decidí que era italiana. Por la tarde fuimos con los abonos de la familia de Australia a ver a su equipo de fútbol australiano, Hawthorn. Nunca había venido en invierno, así que es la primera vez que coincido con la temporada de fútbol australiano. La verdad es que después de ver ratos en la tele más o menos ya entiendo cómo funciona, y estuvo divertido tener la experiencia. Lo mejor fue que un jugador del equipo se retiraba después de ese partido, y como el rival era flojo, el encuentro se convirtió un poco en un homenaje al que yo contribuí gustoso ya que se trataba de un One Club Man. Luego el padre de Australia nos contaba que, hace años, algún grupo de achispados en el estadio, solían cantarle a este jugador "All you need is Rough, Rough is all you need".
Por la noche hicimos merluza en salsa verde, aunque como aquí no hay merluza, compro «blue grenadier» que da bastante buen resultado, y que por cierto, curiosamente, resulta ser bastante barato. Para prepararlo seguí la receta de mi padre, aunque innovando un poco con las patatas. Creo que salió bastante bien y me alegran esas ocasiones en las que reconozco en el plato un sabor que identifico con mi padre. Próximamente paella, croquetas, o incluso igual me animo a pimientos rellenos.
Hoy por la mañana he estado tratando de organizarme, investigando lo que me quedaba de listado de icex sobre empresas España-Australia y he conseguido hacer un ratito de curso. Me he dado una vuelta por la calle, pero he vuelto rápido puesto que estaba haciendo sol y lloviendo indistintamente. Me he hecho un poco de pasta para comer y he trabajado por la tarde, perezoso, pero a ratos efectivo.
Como ya me siento mejor, espero en breve poder hacer algo de deporte. Quizá intente crearme algún tipo de horario orientativo para todas las cosas que digo que debería hacer y que luego se diluyen en las profundidades del internet.
Mañana intentaré escribir un breve relato sobre un extraño visitante, Pedro.
Un abrazo.
Hoy por la mañana he estado tratando de organizarme, investigando lo que me quedaba de listado de icex sobre empresas España-Australia y he conseguido hacer un ratito de curso. Me he dado una vuelta por la calle, pero he vuelto rápido puesto que estaba haciendo sol y lloviendo indistintamente. Me he hecho un poco de pasta para comer y he trabajado por la tarde, perezoso, pero a ratos efectivo.
Como ya me siento mejor, espero en breve poder hacer algo de deporte. Quizá intente crearme algún tipo de horario orientativo para todas las cosas que digo que debería hacer y que luego se diluyen en las profundidades del internet.
Mañana intentaré escribir un breve relato sobre un extraño visitante, Pedro.
Un abrazo.
15 de agosto de 2019
Los impuestos y el alcohol
Llueve, así que me resguardo una vez más en un café, tras acabar el recado del médico, de camino de vuelta a casa. Tras el festivo de ayer, hoy vuelve a tocar trabajar, en el día que más duro se hace por ser viernes por la tarde.
Ayer salimos a tomar algo aprovechando, y acabamos en un sitio cerca de casa tomando una fondue de varios quesos fundidos en los que metes trocitos de pan en un largo palillo de madera. Lo acompañé de una copa de vino que costaba la friolera de 14 dólares australianos, y eso que era de los más baratos. No hay otra que hacerse a la idea, es así.
Había bastante ambiente en el trozo de calle que visitamos, y las terrazas de los locales están llenas aunque sea invierno, prácticamente en todas partes tienen los típicos calefactores, y, aunque no los tuviesen, creo que estarían llenas igual. Me llama la atención porque creo que en Madrid no es tan común, aunque se está extendiendo. Lo que pensaba también es que nosotros estamos de pie dentro del bar sin problema y aquí absolutamente nadie está de pie, son todo mesas.
Compré también algunas cervezas para tener en casa. Aquí en los supermercados no venden alcohol, así que tienes que irte a una «bottle shop» que llaman ellos. Suelo aprovechar y coger alguna oferta, y así vas probando. Otra cosa curiosa es que en esas tiendas suelen tener cajas de cartón de lo que han ido sacando y poniendo a la venta, y las usas de bolsa para llevarte lo que compras.
Sigo avanzando con Fante, todavía no he llegado a donde alcancé la última vez. Ayer le leía trozos a Australia de los que me gustan, cuando se pone en un mismo párrafo a contraponer ideas del estilo soy el mejor escritor del mundo, y en la siguiente frase, a quién pretendo engañar, soy un escritor sin talento y terrible.
Fuera sigue lloviendo, ahora ya poco. Voy a ir recogiendo.
Ayer salimos a tomar algo aprovechando, y acabamos en un sitio cerca de casa tomando una fondue de varios quesos fundidos en los que metes trocitos de pan en un largo palillo de madera. Lo acompañé de una copa de vino que costaba la friolera de 14 dólares australianos, y eso que era de los más baratos. No hay otra que hacerse a la idea, es así.
Había bastante ambiente en el trozo de calle que visitamos, y las terrazas de los locales están llenas aunque sea invierno, prácticamente en todas partes tienen los típicos calefactores, y, aunque no los tuviesen, creo que estarían llenas igual. Me llama la atención porque creo que en Madrid no es tan común, aunque se está extendiendo. Lo que pensaba también es que nosotros estamos de pie dentro del bar sin problema y aquí absolutamente nadie está de pie, son todo mesas.
Compré también algunas cervezas para tener en casa. Aquí en los supermercados no venden alcohol, así que tienes que irte a una «bottle shop» que llaman ellos. Suelo aprovechar y coger alguna oferta, y así vas probando. Otra cosa curiosa es que en esas tiendas suelen tener cajas de cartón de lo que han ido sacando y poniendo a la venta, y las usas de bolsa para llevarte lo que compras.
Sigo avanzando con Fante, todavía no he llegado a donde alcancé la última vez. Ayer le leía trozos a Australia de los que me gustan, cuando se pone en un mismo párrafo a contraponer ideas del estilo soy el mejor escritor del mundo, y en la siguiente frase, a quién pretendo engañar, soy un escritor sin talento y terrible.
Fuera sigue lloviendo, ahora ya poco. Voy a ir recogiendo.
14 de agosto de 2019
Velos
Buenas tardes, son ya las 15:26 y España amanece también. Muchos días me sorprende lo deprisa que pasa el tiempo y para cuando miro el reloj pienso, ¡si ya están despertando! Y efectivamente, muchas veces en el trabajo se nota ya actividad y movimiento. Supongo que se hace más corto también porque hablas con la gente que más tarde se acuesta y seguidamente con los que más temprano se despiertan.
Hoy es también festivo para mí, ya que al serlo en España mi jefe también me lo da a mí, así que he aprovechado para ir a St. Patrick's a la una para la Asunción. Sorprendentemente, había bastante gente. Después me he dado una vuelta por los Fitzroy Gardens, y ahora estoy comiendo. Supongo que no debería gastar tanto en comidas, aunque son un poco situaciones especiales y así me doy una vuelta y escribo un rato.
Hoy he hecho un rato de curso, algún papeleo, y luego la vuelta que he comentado. Ahora me propongo volver por algún sitio nuevo y leer un rato.
Sin más, ¡nos vemos pronto!
13 de agosto de 2019
Conservador
Buenos días.
O más bien, buenas tardes, porque son ya las 13:45 mientras tecleo estas líneas. Las nubes siguen escondiendo al sol en Melbourne y yo me pregunto si en Madrid también hay rachas de días así en invierno o si a eso se refieren con lo del sol en España. La temperatura tampoco es mala, los paseos matutinos son agradables y solamente un día hacía mucho frío en las manos y había que recurrir a los bolsillos.
Esta mañana he conseguido leer otro rato de Fante. Parece como si fuese un gran logro y debería ser una tontería, pero me cuesta mucho sacar ratos y no distraerme. Creo que los teléfonos móviles nos crean cierta ansiedad y estamos ya acostumbrados a cosas instantáneas sin esfuerzo. De cualquier manera, la verdad es que me gusta mucho el principio del libro, cómo cambia sin sentido y sin esfuerzo de tema, la manera de ser interesante escribiendo cosas mundanas. ¿Quizá nos gustan los libros en los que puedes identificarte fácilmente con el personaje?
Leía también con interés un texto que me pasaba un amigo.
"...sacrificio constante del interés nacional al interés de los partidos..."
"En 1842 escribía proféticamente: «La elección extendida a todo nos da el gobierno ejercido por las masas, el único que no es responsable y cuya tiranía no tiene límites porque se le llama ley»."
Estoy haciendo también un curso de redes por Internet con vistas a perfeccionar ciertas cosas que he visto que son importantes en mi trabajo. ¿Perfeccionar o simplemente aprender? La verdad es que hay varios temas que he visto interesantes, pero creo que de cara a una carrera profesional hay dos o tres que creo que puede merecer la pena invertir tiempo, y ahora que tengo las mañanas "libres", es un buen momento.
Ah, ayer dejé esta frase escrita para el blog, aunque no tenga conexión con lo hoy relatado. «Echo de menos cenar como un viejo en el Lomit's mientras José me contaba alguna historieta».
Bueno, por lo menos he escrito otro rato. Nos vemos.
O más bien, buenas tardes, porque son ya las 13:45 mientras tecleo estas líneas. Las nubes siguen escondiendo al sol en Melbourne y yo me pregunto si en Madrid también hay rachas de días así en invierno o si a eso se refieren con lo del sol en España. La temperatura tampoco es mala, los paseos matutinos son agradables y solamente un día hacía mucho frío en las manos y había que recurrir a los bolsillos.
Esta mañana he conseguido leer otro rato de Fante. Parece como si fuese un gran logro y debería ser una tontería, pero me cuesta mucho sacar ratos y no distraerme. Creo que los teléfonos móviles nos crean cierta ansiedad y estamos ya acostumbrados a cosas instantáneas sin esfuerzo. De cualquier manera, la verdad es que me gusta mucho el principio del libro, cómo cambia sin sentido y sin esfuerzo de tema, la manera de ser interesante escribiendo cosas mundanas. ¿Quizá nos gustan los libros en los que puedes identificarte fácilmente con el personaje?
Leía también con interés un texto que me pasaba un amigo.
"...sacrificio constante del interés nacional al interés de los partidos..."
"En 1842 escribía proféticamente: «La elección extendida a todo nos da el gobierno ejercido por las masas, el único que no es responsable y cuya tiranía no tiene límites porque se le llama ley»."
Estoy haciendo también un curso de redes por Internet con vistas a perfeccionar ciertas cosas que he visto que son importantes en mi trabajo. ¿Perfeccionar o simplemente aprender? La verdad es que hay varios temas que he visto interesantes, pero creo que de cara a una carrera profesional hay dos o tres que creo que puede merecer la pena invertir tiempo, y ahora que tengo las mañanas "libres", es un buen momento.
Ah, ayer dejé esta frase escrita para el blog, aunque no tenga conexión con lo hoy relatado. «Echo de menos cenar como un viejo en el Lomit's mientras José me contaba alguna historieta».
Bueno, por lo menos he escrito otro rato. Nos vemos.
12 de agosto de 2019
Weekend y más
Me vuelvo a obligar a sentarme un rato y escribir en lugar de perder miserablemente el tiempo navegando por Internet. Es un martes trece por la mañana, el cielo sigue absolutamente encapotado y la farola de enfrente de casa sigue encendida día y noche sin que nadie lo remedie. Australia está en Sídney por viaje de trabajo fugaz y su madre tampoco estaba, así que ayer fue una noche de chicos.
Mi recaída el lunes donde volví a estar enfermo hizo que la adaptación fuese algo más tardía, aunque ya me siento recuperado y los horarios de trabajo no se me hacen muy duros. Aun así, estoy intentando cuidarme mucho, beber agua en gran cantidad y de momento no salir a correr o en bicicleta.
El fin de semana fuimos a Woodend, donde vive parte de la familia de Australia, puesto que había una celebración de cumpleaños. Siempre vamos allí en Navidad y se sentía un poco como entonces, también había tres tipos de carne, mucha gente, y esta vez frío fuera, lluvia el sábado y nieve el domingo.
¡Me he venido a un café a seguir escribiendo! He aquí mis vistas.
El caso es que todo el tema del invierno me hizo reflexionar. A mí me gusta bastante el invierno, aunque no me gusta que oscurezca pronto, pero es la única parte. Pensando, me di cuenta de que el invierno en España conlleva siempre la Navidad, y esa es una parte muy importante y que me encanta. Aquí en cambio, eso no se da, es simplemente la estación sin la ilusión, las reuniones familiares, la comida, los Reyes Magos. ¿Cómo de importante será este factor en que me guste el invierno?
El domingo fuimos a un pub en Woodend para cantar. La gente va, se pide una cerveza y tres personas llevan la batuta mientras proyectan las letras y cantas. La canción principal fue Riptide de Vance Joy, lo cual fue afortunado porque me gusta. Yo me puse en el grupo de los low, que no sé si se traduce como grave, y a ratos pensaba que era mejor estar en otros grupos porque quizá era más aburrido poner todo el rato voz grave. Me gustó la terraza del segundo piso y me agradaba la idea de llevar a las visitas que vengan en noviembre allí.
Ayer por fin volví a leer. Fante, he vuelto a empezar. Me quedé muy trabado con todas las organizaciones, a ver si lo cojo con ganas otra vez. He hecho tortilla, alcachofas, garbanzos. Llevo puesta la cadena de mi Amama. He quitado las animaciones de mi móvil para que vaya rápido. Estoy probando nueva música española, no necesariamente actual. Las cajas llegaron sin aparentes daños, bien por DHL. A veces me viene la inspiración, pero enseguida se va. A veces me entienden y a veces no. Aquí los repartidores van en unas bicicletas eléctricas pequeñitas, son asiáticos y también parecen ir jugándose la vida. Encontré una iglesia donde poder ir a misa de ocho de la tarde, aunque sigo prefiriendo St. Patrick's. Hemos comprado Digestive, me recuerdan a Abu. El Nesquik en cambio no es lo mismo, probaré otras cosas. Estoy dando el salto de Evernote a OneNote por fin.
¡Me voy!
Mi recaída el lunes donde volví a estar enfermo hizo que la adaptación fuese algo más tardía, aunque ya me siento recuperado y los horarios de trabajo no se me hacen muy duros. Aun así, estoy intentando cuidarme mucho, beber agua en gran cantidad y de momento no salir a correr o en bicicleta.
El fin de semana fuimos a Woodend, donde vive parte de la familia de Australia, puesto que había una celebración de cumpleaños. Siempre vamos allí en Navidad y se sentía un poco como entonces, también había tres tipos de carne, mucha gente, y esta vez frío fuera, lluvia el sábado y nieve el domingo.
¡Me he venido a un café a seguir escribiendo! He aquí mis vistas.
El caso es que todo el tema del invierno me hizo reflexionar. A mí me gusta bastante el invierno, aunque no me gusta que oscurezca pronto, pero es la única parte. Pensando, me di cuenta de que el invierno en España conlleva siempre la Navidad, y esa es una parte muy importante y que me encanta. Aquí en cambio, eso no se da, es simplemente la estación sin la ilusión, las reuniones familiares, la comida, los Reyes Magos. ¿Cómo de importante será este factor en que me guste el invierno?
El domingo fuimos a un pub en Woodend para cantar. La gente va, se pide una cerveza y tres personas llevan la batuta mientras proyectan las letras y cantas. La canción principal fue Riptide de Vance Joy, lo cual fue afortunado porque me gusta. Yo me puse en el grupo de los low, que no sé si se traduce como grave, y a ratos pensaba que era mejor estar en otros grupos porque quizá era más aburrido poner todo el rato voz grave. Me gustó la terraza del segundo piso y me agradaba la idea de llevar a las visitas que vengan en noviembre allí.
Ayer por fin volví a leer. Fante, he vuelto a empezar. Me quedé muy trabado con todas las organizaciones, a ver si lo cojo con ganas otra vez. He hecho tortilla, alcachofas, garbanzos. Llevo puesta la cadena de mi Amama. He quitado las animaciones de mi móvil para que vaya rápido. Estoy probando nueva música española, no necesariamente actual. Las cajas llegaron sin aparentes daños, bien por DHL. A veces me viene la inspiración, pero enseguida se va. A veces me entienden y a veces no. Aquí los repartidores van en unas bicicletas eléctricas pequeñitas, son asiáticos y también parecen ir jugándose la vida. Encontré una iglesia donde poder ir a misa de ocho de la tarde, aunque sigo prefiriendo St. Patrick's. Hemos comprado Digestive, me recuerdan a Abu. El Nesquik en cambio no es lo mismo, probaré otras cosas. Estoy dando el salto de Evernote a OneNote por fin.
¡Me voy!
2 de agosto de 2019
Los primeros días
Aprovechando el famoso «jet-lag», que ha hecho que hoy me despertase sobre las seis, me obligo a ponerme a escribir al menos un rato. Quién sabe si así podré coger la dinámica.
Tras las intensas semanas pasadas, me subí al avión ya más relajado, con las cajas enviadas por DHL, las maletas facturadas con casi todo dentro y la mente y el corazón tan ajetreados que tampoco me daba tiempo a pararme un rato a asustarme, deprimirme o qué sé yo.
El viaje en avión fue bueno, se me hizo más bien corto, pude ver la nueva de Clint Eastwood, aproveché para ver Los Juegos del Hambre que nunca vi, y estuvimos despiertos todo el primer vuelo con vistas a dormir en el segundo. En un momento dado me desperté angustiado y desubicado, le mandé un par de mensajes a mi madre y me puse el segundo disco de Muse, que, aunque parezca mentira, me relaja en su apocalipsis.
El Uber desde el aeropuerto me frustró bastante puesto que estuvimos como una hora de viaje, lo que me parece mucho comparando con que en 24 horas puedes llegar hasta aquí. Aun así, estaba contento de poder meter nuestros siete bultos en un Uber normal. El conductor era un tipo curioso, de origen quizá indio, y tenía cierto nivel cultural histórico, aunque a la vez preguntaba algunas cosas obvias (para mí).
Finalmente llegamos a casa, deshicimos las maletas y organizamos las cosas en armarios, dispuse mis dispositivos en el «despacho» que nos han montado y colgamos el Chillida en la habitación para que pareciese un poco más nuestra casa.
Este par de días ha sido relajado, hemos podido ir a desayunar y tomé mis primeros huevos benedictinos, Australia me regaló una bici retro australiana super guay que ya he podido probar e incluso ayer cocinamos garbanzos para cenar aprovechando que es invierno, frío y oscuro.
El trabajo me está costando un poco, pero creo que en no mucho tiempo estaré más acostumbrado a los horarios.
Sigo a vueltas con empezar a «instagramear», creo que debería empezar con cualquier tontería y ya quitarme esa barrera de vergüenza y pereza.
Ya tengo tarjeta de teléfono australiana, con muchos datos y llamadas a España incluidas. Estoy intentando organizar mis tareas de alguna manera, tanto las personales como las de trabajo. Tenemos una manta de Ezcaray naranja en la cama que me da dos tipos de calidez. Estamos probando distintas barras de pan en distintos establecimientos para ver cuál es la mejor en relación calidad/precio.
Bueno, aquí lo dejo de momento, nos vamos viendo.
Tras las intensas semanas pasadas, me subí al avión ya más relajado, con las cajas enviadas por DHL, las maletas facturadas con casi todo dentro y la mente y el corazón tan ajetreados que tampoco me daba tiempo a pararme un rato a asustarme, deprimirme o qué sé yo.
El viaje en avión fue bueno, se me hizo más bien corto, pude ver la nueva de Clint Eastwood, aproveché para ver Los Juegos del Hambre que nunca vi, y estuvimos despiertos todo el primer vuelo con vistas a dormir en el segundo. En un momento dado me desperté angustiado y desubicado, le mandé un par de mensajes a mi madre y me puse el segundo disco de Muse, que, aunque parezca mentira, me relaja en su apocalipsis.
El Uber desde el aeropuerto me frustró bastante puesto que estuvimos como una hora de viaje, lo que me parece mucho comparando con que en 24 horas puedes llegar hasta aquí. Aun así, estaba contento de poder meter nuestros siete bultos en un Uber normal. El conductor era un tipo curioso, de origen quizá indio, y tenía cierto nivel cultural histórico, aunque a la vez preguntaba algunas cosas obvias (para mí).
Finalmente llegamos a casa, deshicimos las maletas y organizamos las cosas en armarios, dispuse mis dispositivos en el «despacho» que nos han montado y colgamos el Chillida en la habitación para que pareciese un poco más nuestra casa.
Este par de días ha sido relajado, hemos podido ir a desayunar y tomé mis primeros huevos benedictinos, Australia me regaló una bici retro australiana super guay que ya he podido probar e incluso ayer cocinamos garbanzos para cenar aprovechando que es invierno, frío y oscuro.
El trabajo me está costando un poco, pero creo que en no mucho tiempo estaré más acostumbrado a los horarios.
Sigo a vueltas con empezar a «instagramear», creo que debería empezar con cualquier tontería y ya quitarme esa barrera de vergüenza y pereza.
Ya tengo tarjeta de teléfono australiana, con muchos datos y llamadas a España incluidas. Estoy intentando organizar mis tareas de alguna manera, tanto las personales como las de trabajo. Tenemos una manta de Ezcaray naranja en la cama que me da dos tipos de calidez. Estamos probando distintas barras de pan en distintos establecimientos para ver cuál es la mejor en relación calidad/precio.
Bueno, aquí lo dejo de momento, nos vamos viendo.
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